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<<Adeline Virginia Woolf (Stephen de soltera) fue una novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica, considerada como una de las más destacadas figuras del modernismo literario del siglo XX.>>
WIKIPEDIA
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<<Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: “¿Es esto?” Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es “eso”. No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este “eso”, y experimento entonces un gran reposo.>>
- Virginia Woolf -
(Diario de una escritora)
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7/ febrero/ 2012… Para comenzar a comprender la obra de Virginia Woolf yo recomendaría la misma dosis de ella con la que he iniciado esta mañana. Es decir, la lectura del trabajo de María Asunción Gutierrez López: <<Virgina Woolf, el fluir de la conciencia>>
<< Encuentra el trabajo femenino en el ámbito privado, donde no hay nombres profesionales, ni reconocimientos, ni retribuciones económicas. Esas mujeres han recibido una educación gratuita, han sido educadas por los mismos profesores, la burla, la pobreza, la castidad y las lealtades ideales.>>
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- Virginia Woolf: enfermedad mental y creatividad artística. Gustavo Figueroa C.
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* Los estados de ánimo: el aprendizaje de la serenidad.
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DIARIO ÍNTIMO de VIRGINIA WOOLF [Parte i, ii, iii]
LAS OLAS – VIRGINIA WOOLF – fragmentos, reflexiones, una novela cuya prosa estrecha el umbral de la poesía -
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A TRAVÉS DE LA RED PODEMOS ENCONTRAR:
- El viejo Bloomsbury y otros ensayos
- ¿Aún le temen a Virgina Woolf? Una reflexión sobre el cuarto propio.
- Virginia Woolf: caso clínico.
- Su ensayo: UNA HABITACIÓN PROPIA





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![Pr. MARÍA JESÚS BENEDET [Neuropsicología cognitiva]](http://caminmaria.files.wordpress.com/2012/01/pr-marc3ada-jesc3bas-benedet-neuropsicologc3ada-cognitiva.jpg)



![XOSÉ ANTÓN SUAREZ PUENTE [bioquímica, analisis genético y secuenciación genómica]](http://caminmaria.files.wordpress.com/2012/01/xosc3a9-antc3b3n-suarez-puente-bioquc3admica-analisis-genc3a9tico-y-secuenciacic3b3n-genc3b3mica.jpg?w=150)











#1 por Camín el 7 febrero, 2012 - 8:18
Durante el período de entreguerras, Woolf fue una figura significativa en la sociedad literaria de Londres y un miembro del grupo de Bloomsbury. Sus obras más famosas incluyen las novelas La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Orlando: una biografía (1928), y su largo ensayo Un cuarto propio (1929), con su famosa sentencia
Fue redescubierta durante la década de 1970, gracias a este ensayo, uno de los textos más citados del movimiento feminista, que expone las dificultades de las mujeres para consagrarse a la escritura en un mundo dominado por los hombres.
Virginia Woolf nació con el nombre de Adeline Virginia Stephen en Londres en 1882. Su padre era el novelista, historiador, ensayista, biógrafo y montañero Sir Leslie Stephen (1832-1904).1 La madre, una belleza famosa, Julia Prinsep Jackson (1846-1895) era la segunda esposa de su padre; había nacido en la India, hija del Dr. John y Maria Pattle Jackson y más tarde se había trasladado a Inglaterra con su madre, donde sirvió de modelo para los pintores prerrafaelitas como Edward Burne-Jones.
2 Sus padres habían estado casados previamente y habían enviudado, y, en consecuencia, el hogar tenía hijos de los tres matrimonios. Leslie tenía una hija de su primera esposa, Minny Thackeray: Laura Makepeace Stephen, que fue declarada mentalmente incapaz y vivió con la familia hasta que fue ingresada en un psiquiátrico en 1891.
3 Julia tenía tres hijos de su primer marido, Herbert Duckworth: George (1868-1934), Stella (1869-1897) y Gerald Duckworth (1870-1937). Leslie y Julia tuvieron otros cuatro hijos juntos: Vanessa Stephen (1879), Thoby Stephen (1880), Virginia (1882), y Adrian Stephen (1883).
La joven Virginia fue educada por sus padres en su literario y bien relacionado hogar del número 22 de Hyde Park Gate, Kensington. Asiduos visitantes al domicilio de los Stephen fueron, por ejemplo, Alfred Tennyson, Thomas Hardy, Henry James y Edward Burne-Jones. Aunque no fue a la escuela, Woolf recibió clases de profesores particulares y de su padre. La eminencia de Sir Leslie Stephen como editor, crítico y biógrafo, y su relación con William Thackeray (era el viudo de la hija menor de Thackeray), significaba que sus hijos fueron criados en un entorno lleno de las influencias de la sociedad literaria victoriana. Henry James, George Henry Lewes, Julia Margaret Cameron (tía de Julia Stephen) y James Russell Lowell, que fue el padrino honorífico de Virginia, estaban entre los visitantes de la casa. Julia Stephen estaba igualmente bien relacionada. Descendía de una camarera de María Antonieta, provenía de una familia de famosas bellezas, que dejaron su impronta en la sociedad victoriana como modelos para los artistas prerrafaelistas y los primeros fotógrafos. Además, acompañando a estas influencias, estaba la inmensa biblioteca en la casa de los Stephen, de la que Virginia y Vanessa (a diferencia de sus hermanos, que recibieron una educación formal) aprendieron los clásicos y la literatura inglesa.
Sin embargo, según las memorias de Woolf, sus recuerdos más vívidos de la infancia no fueron de Londres sino de St Ives en Cornualles, donde la familia pasó sus vacaciones de verano entre 1882 y 1894. La casa de veraneo de los Stephen, Talland House, tenía vistas a la playa de Porthminster y al faro de Godrevy. Todavía se alza en el mismo lugar, aunque en cierta medida alterada. Recuerdos de esas vacaciones familiares e impresiones del paisaje, especialmente el faro de Godrevy, impregnaron la ficción que Woolf escribió en años posteriores, principalmente Al faro.
Pronto padeció Virginia la primera de sus depresiones, con la repentina muerte de su madre, el 5 de mayo de 1895, cuando Virginia tenía trece años de edad, y la de su medio hermana Stella dos años después, quien había tomado las riendas del hogar familiar tras la muerte de Julia Stephen, pero abandonó la casa paterna para casarse con Jack Hills y falleció durante la luna de miel, a causa de una peritonitis.
La muerte de su padre por cáncer en 1904 provocó un ataque alarmante y fue brevemente ingresada.3 Sus crisis nerviosas y posteriores períodos recurrentes de depresión, los modernos eruditos (incluido su sobrino y biógrafo, Quentin Bell) han sugerido,4 estuvieron también influidos por los abusos deshonestos que ella y su hermana Vanessa padecieron a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth5 (que Woolf recuerda en sus ensayos autobiográficos A Sketch of the Past y 22 Hyde Park Gate).
6 En su texto autobiográfico A Sketch of the Past, la propia Virginia Woolf solo aludió a estas desdichadas experiencias de forma velada, de acuerdo con la rígida moral de la época victoriana. Su biógrafa Hermione Lee escribió que: «Las pruebas son suficientes, pero también lo bastante ambiguas como para posibilitar interpretaciones psicobiográficas contradictorias, que presentan imágenes completamente diferentes de la vida interior de Virginia Woolf».
Los Dreadnought Hoaxers con toda la parafernalia abisinia; Virginia Woolf es la figura con barba en el extremo de la izquierda.
Después de la muerte de su padre, y segunda crisis nerviosa de Virginia, Vanessa y Adrian vendieron el número 22 de Hyde Park Gate y compraron una casa en el número 46 de Gordon Square en Bloomsbury. Se estableció con su hermana Vanessa –pintora que se casaría con el crítico Clive Bell – y sus dos hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, que se convirtió en centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla del escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, y que sería conocido como el grupo o círculo de Bloomsbury. Tras estudios en King’s College de Cambridge,8 y King’s College de Londres, Woolf conoció a Lytton Strachey, Clive Bell, Rupert Brooke, Saxon Sydney-Turner, Duncan Grant y Leonard Woolf. Varios miembros del grupo de Bloomsbury atrajeron notoriedad en 1910 con el Dreadnought hoax, en el que Virginia participó disfrazada de un miembro de la familia real abisinia. Su charla completa en 1940 sobre el engaño del Dreadnought ha sido descubierta recientemente y está publicada en las memorias recogidas en la versión extensa de The Platform of Time (2008). Los artistas del grupo de Bloomsbury compartían ciertos criterios estéticos. Mostraban cierto rechazo hacia la clase media alta a la que pertenecían, y se consideraban herederos de las teorías estecistas de Walter Pater que tuvieron resonancia a finales de siglo XIX. Dentro de este grupo hubo intensas relaciones intelectuales, pero también emotivas y personales. Formaron parte de él, la pintora Dora Carrington y los escritores Gerald Brenan y Lytton Strachey, entre otros.
En 1912, cuando contaba treinta años, se casó con el escritor Leonard Woolf, economista y miembro también del grupo de Bloomsbury. A pesar de su bajo rango social y económico – Woolf se refirió a Leonard durante su compromiso como un “judío sin un céntimo” – la pareja compartió un lazo muy fuerte. De hecho, en 1937, Woolf escribió en su diario:
Los dos colaboraron también profesionalmente, fundando juntos en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia Virginia y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot, Sigmund Freud, Laurens van der Post y otros.
Después de un comienzo tentativo, comenzaron una relación sexual que duró la mayor parte de los años 1920.
10 En 1928, Woolf regaló a Sackville-West la obra Orlando, una biografía fantástica en la que la vida del héroe epónimo abarca tres siglos y ambos sexos. Nigel Nicolson, hijo de Vita Sackville-West, la consideró «la carta de amor más larga y encantadora en la historia de la literatura»
10 Después de que acabara su romance, las dos mujeres siguieron siendo amigas hasta la muerte de Woolf en 1941. Virginia Woolf también permaneció estrechamente relacionada con sus parientes supervivientes, Adrian y Vanessa; Thoby había muerto de enfermedad a los veintiséis años de edad.
Suicidio
Durante su vida, sufrió una enfermedad mental hoy conocida como trastorno bipolar. Después de acabar el manuscrito de una última novela (publicada póstumamente), Entre actos, Woolf padeció una depresión parecida a la que había tenido anteriormente. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de su casa de Londres durante el Blitz, y la fría acogida que tuvo su biografía de su amigo Roger Fry todo empeoró su condición hasta que se vio incapaz de trabajar.
El 28 de marzo de 1941, Woolf se suicidó. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse cerca de su casa y se ahogó. Su cuerpo no fue encontrado hasta el 18 de abril.
12 Su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Rodmell, Sussex.
En su última nota a su marido escribió:
I feel certain I am going mad again. I feel we can’t go through another of those terrible times. And I shan’t recover this time. I begin to hear voices, and I can’t concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don’t think two people could have been happier till this terrible disease came. I can’t fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can’t even write properly. I can’t read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can’t go on spoiling your life any longer. I don’t think two people could have been happier than we have been.
Woolf comenzó a escribir profesionalmente en 1905, inicialmente para el Times Literary Supplement con una pieza de periodismo sobre Haworth, hogar de la familia Brontë.
Su primera novela, Fin de viaje, se publicó en 1915 por la editorial de su medio hermano, Gerald Duckworth and Company Ltd. En esta novela, como en Noche y día la escritora ya se muestra dispuesta a romper los esquemas narrativos precedentes, pero apenas merecieron consideración por parte de la crítica. Sólo tras la publicación de La señora Dalloway y Al faro, los críticos comenzaron a elogiar su originalidad literaria. En estas obras destacan la maestría técnica y el afán experimental de la autora, quien introducía imágenes propios de la poesía en sus narraciones.
La obra de Woolf puede entenderse como un diálogo con Bloomsbury, particularmente su tendencia (informada por G.E. Moore, entre otros) hacia el racionalismo doctrinario.
Desaparecidas la acción y la intriga, sus narraciones se esfuerzan por captar la vida cambiante e inasible de la conciencia. Influida por la filosofía de Henri Bergson, Woolf experimentó con especial interés con el tiempo narrativo, tanto en su aspecto individual, en el flujo de variaciones en la conciencia del personaje, como en su relación con el tiempo histórico y colectivo. Así, Orlando (1928) constituye una fantasía libre, basada en algunos pasajes de la vida de Vita Sackville-West, en que la protagonista vive cinco siglos de la historia inglesa. Se distingue del resto de novelas al intentar representar a una persona real, hacer “Una biografía”, como dice el subtítulo. En Las olas (1931) las reflexiones de los seis protaginistas se asemejan a recitativos y crean un ambiente de poema en prosa.
La última obra de Woolf, Entre actos (1941) resume y magnifica sus principales preocupaciones: la transformación de la vida a través del arte, la ambivalencia sexual y la reflexión sobre temas del flujo del tiempo y de la vida. Es el más lírico de sus libros, escrito principalmente en verso
Escribió así mismo una serie de ensayos que giraban en torno de la condición de la mujer, en los que resaltó la construcción social de la identidad femenina y reivindicó el papel de la mujer escritora. En Una habitación propia revela la evolución de su pensamiento feminista. Destacó a su vez como crítica literaria, y fue autora de dos biografías: una divertida recreación de la vida de los Browning a través de los ojos de su perro (Flush) y otra sobre el crítico R. Fry (Fry). Asimismo, junto a E. M. Forster, llegó a escribir una carta a varios periódicos ingleses sobre el efecto que la censura tenía sobre el ánimo de los escritores, a raíz del intento del Sunday Express de condenar la novela de temática lésbica El pozo de la soledad (The Well of Loneliness, en inglés), de Hall.
La obra novelística de Virginia Woolf recibe influjos de Marcel Proust, James Joyce, Dorothy Richardson, Katherine Mansfield y posiblemente Henry James. Lo que le es realmente característico, lo que la hace prominente entre sus contemporáneos es precisamente que trató de hallar un camino nuevo para la novela, apartándose y dejando de lado el realismo imperante y abandonando la convención de la historia así como la tradicional descripción de los personajes.
Woolf siguió publicando novelas y ensayos como un intelectual pública con éxito tanto de crítica como de público. Gran parte de su obra la publicó a través de la Hogarth Press. Ha sido saludada como una de las grandes novelistas del siglo XX y una de las más destacadas modernistas.
Woolf está considerada una de las grandes renovadoras del idioma inglés. En sus obras ella experimentó con la corriente de pensamiento y lo psicológico subyacente así como los motivos emocionales de los personajes. La reputación de Woolf declinó profundamente después de la Segunda Guerra Mundial, pero su eminencia fue restablecida con el auge de la crítica feminista en los años 1970.
Su obra fue criticada por epitomizar el estrecho mundo de la intelectualidad inglesa de clase media.
También la criticaron por anti-semita, a pesar de estar felizmente casada con un judío. Este antisemitismo se saca del hecho de que ella a menudo escribió sobre personajes judíos en arquetipos y generalizaciones estereotípicos.
El creciente antisemitismo de los años veinte y treinta tuvo una influencia inevitable en Virginia Woolf. Escribió en su diario, “No me gusta la voz judía; no me gusta la risa judía.” Sin embargo, en una carta de 1930 al compositor Ethel Smyth, citada en la biografía de Nigel Nicolson, Virginia Woolf, recuerda que presumía del judaísmo de Leonard confirmando sus tendencias snob, “Cómo odié casarme con un judío – Menuda snob que era, pues ellos tienen una inmensa vitalidad.” En otra carta a su querida amiga Ethel Smyth, Virginia da una mordaz denuncia del Cristianismo, apuntando a su “egotismo” con pretensiones de superioridad moral y afirmando que “mi judío tiene más religión en la uña de un pie –más amor humano, en un pelo.” Virginia y su esposo Leonard Woolf realmente odiaban y temieron al fascismo de los años treinta con su antisemitismo sabiendo que ellos estaban en la lista negra de Hitler. Su libro de 1938 Tres guineas era una censura al fascismo.
Las peculiaridades de Virginia Woolf como escritora de ficción han tendido a oscurecer su fuerza central:
Interpretaciones y erudición modernas
Recientemente, los estudios sobre Virginia Woolf se han centrado en temas feministas y lésbicos en su obra, como en la colección de 1997 o ensayos críticos, Virginia Woolf: Lesbian Readings, edición de Eileen Barrett y Patricia Cramer. Más controvertidamente, Louise A. DeSalvo interpreta la mayor parte de la vida y carrera de Woolf a través de la lente del abuso sexual incestuoso que experimentó Woolf cuando joven en su libro de 1989 Virginia Woolf: The Impact of Childhood Sexual Abuse on her Life and Work.
La ficción de Woolf también se estudia por su penetración en temas como neurosis de guerra, guerra, clase y la moderna sociedad británica.
La tesis, no aceptada por la familia de Leonard, ha sido ampliamente investigada y llena algunos de los vacíos en el relato habitual de la vida de Virginia Woolf. Por el contrario, el libro de Victoria Glendinning Leonard Woolf: A Biography, que tiene aún más amplia investigación y está apoyado en testimonios contemporáneos, argumenta que Leonard Woolf no sólo apoyó ampliamente a su esposa, sino que la permitió vivir todo ese tiempo proporcionándola la vida y la atmósfera que necesitaba para vivir y escribir. Relatos del supuesto anti-semitismo de Virginia (Leonard fue un judío secular) no sólo se toman en su contexto histórico sino gravemente exagerados. Los propios diarios de Virginia apoyan este punto de vista del matrimonio de los Woolf.
En vida de Virginia Woolf apareció al menos una biografía. El primer estudio autorizado de su vida se publicó en 1972 por su sobrino, Quentin Bell. En 1992,
La biografía de Hermione Lee Virginia Woolf (1996) proporciona un examen riguroso y fidedigno de la vida y obra de Woolf. En 2001 Louise DeSalvo y Mitchell A. Leaska editaron The Letters of Vita Sackville-West and Virginia Woolf. La obra de Julia Briggs, Virginia Woolf: An Inner Life, publicada en 2005, es el examen más reciente de la vida de Woolf. Se centra en los escritos de Woolf, incluyendo sus novelas y sus comentarios sobre el proceso creativo, para arrojar luz sobre su vida. El libro de Thomas Szasz My Madness Saved Me: The Madness and Marriage of Virginia Woolf (ISBN:0-7658-0321-6) se publicó en 2006.
La obra de Rita Martin Flores no me pongan (2006) considera los últimos minutos de la vida de Woolf para debatir temas polémicos como la bisexualidad, el judaísmo y la guerra. Escrito en español, la obra fue interpretada en Miami con dirección de la actriz Miriam Bermúdez.
En el cine
¿Quién teme a Virginia Woolf? fue una obra de teatro estadounidense (1962) de Edward Albee y una película (1966) dirigida por Mike Nichols (guion de Ernest Lehman adaptado a partir de la obra). Virginia Woolf no aparece como un personaje. Según la obra de teatro, el título de la obra — que es sobre una pareja casada universitaria alcohólica y disfuncional — se refiere a una broma académica sobre «¿Quién teme vivir la vida sin falsas ilusiones?».
Virginia Woolf es un personaje en la película Las horas (2002), dirigida por el director Stephen Daldry y basada en la novela homónima de Michael Cunningham, gira en torno al libro de Virginia Woolf titulado La señora Dalloway. Por su interpretación de la escritora, Nicole Kidman se llevó un Oscar a la mejor actriz.
The Voyage Out (Fin de viaje, 1915).
Night and Day (Noche y día, 1919).
Jacob’s Room (El cuarto de Jacob, 1922).
Mrs. Dalloway (La señora Dalloway, 1925).
To the Lighthouse (Al faro, 1927).
Orlando (1928).
The Waves (Las olas, 1931).
The Years (Los años, 1937).
Colecciones de cuentos
Kew Gardens (1919)
Monday or Tuesday (1921)
The New Dress (1924)
A Haunted House and Other Short Stories (1944). La casa encantada se publicó en 1983 por Editorial Lumen, ISBN 978-84-264-1135-8
Mrs. Dalloway’s Party (1973). Editorial Lumen publicó La señora Dalloway recibe en 1983, ISBN 978-84-264-2934-6
The Complete Shorter Fiction (1985). En ella se publicó por primera vez el relato Phyllis and Rosamond («Phyllis y Rosamond»), que se incluye, precedido de nota biográfica, en la pág. 481 ss de la antología Cuando se abrió la puerta. Cuentos de la Nueva Mujer (1882-1914), Alba Editorial, Clasica maior, 2008, ISBN 978-84-8428-418-5.
Alianza Editorial ha publicado los Relatos completos en 1994, ISBN 978-84-206-3277-3 y en 2008, ISBN 978-84-206-5992-3, traducidos por Catalina Martínez Muñoz y edición de Susan Dick.
Los cuentos de Virginia Woolf han sido, además, objeto de otras publicaciones y antologías en español:
La niñera Lugton, cuento infantil, se publicó por Editorial Debate en 1992, ISBN 978-84-7444-578-7. También conocido como «La cortina de la niñera Lugton».
Una rosa sin espinas, Editorial Planeta, 1999, ISBN 978-84-08-03275-5
La viuda y el loro, en tono humorístico, Editorial Debate, 1989, ISBN 978-84-7444-328-8 y Gadir Editorial, 2009, ISBN 978-84-935237-4-9.
La sociedad se ha publicado junto con La inocentada del acorazado, obra de su hermano Adrian Stephen, por Valdemar en 1999, ISBN 978-84-7702-293-0
#2 por Camín el 7 febrero, 2012 - 10:39
Virginia Woolf: enfermedad mental y creatividad artística
Gustavo Figueroa C.
Departamento de Psiquiatría, Escuela de Medicina, Universidad de Valparaíso. Chile
Correspondencia a :
La cuestión de la relación entre trastorno mental y creación artística nació en Grecia y recorrió Occidente (1,2). En el siglo XX se produjeron tres cambios: los estudios se sustentarán en la exploración objetivo-fenomenológica de casos individuales (3); aplicación sistemática de la nosografía psiquiátrica a muestras más amplias de artistas, clásicos y contemporáneos (4,5(; por fin, Freud introdujo la comprensión profunda al proceso de creación y biografías de artistas (6,7). El progreso de estas perspectivas suscita dos problemas metodológicos. ¿Se pueden plantear diagnósticos cuando hay carencia de datos, son retrospectivos y no surgen de una situación clínica? ¿No se genera un reduccionismo que no captura la esencia de la obra de arte? (8).
La complejidad de «la influencia que sobre el espíritu puedan ejercer las enfermedades mentales» (3) exige limitarnos a una doble interrogante. Escogemos el trastorno que sufrió la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941) porque poseemos suficiente material (proveniente de su pluma y sus allegados), buscando determinar tanto su diagnóstico psiquiátrico como la conexión entre éste y su producción artística. Así evitamos patologizar su existencia -no es patografía-, porque ante todo fue una mujer sutil, inmersa en contradicciones y ambigüedades propias de su condición de creadora descollante, y contestataria feroz de su tiempo y la literatura inglesa (9,10).
Antecedentes familiares. Su padre, Leslie Stephen, fue un destacado intelectual que padeció episodios depresivos («ataques de los horrores») en 1888, 1890 y 1891. Después de la muerte de su idolatrada esposa en 1895, volvió a agravarse y cayó en una progresiva desesperanza y sensación de ser traicionado por el destino y sus hijos. Su admirada hermana, Vanessa Bell, cayó en profunda depresión entre 1911 y 1913 producto de su tormentosa relación extramatrimonial con Roger Fry y posterior aborto («no podía pensar en mí…, al dejar que me trasladaran al jardín, me aterraba ante el más mínimo contacto con el mundo que me rodeaba») (11); similar perturbación melancólica retornó en 1937 tras la muerte inesperada de su hijo. Su hermano, Adrian, se sometió a psicoanálisis por su carácter depresivo antes que por síntomas, convirtiéndose después en psico analista (12). Laura Stephen, hermanastra débil mental, requirió ser internada de por vida. Un primo, James Kenneth Stephen, sufrió una herida en la cabeza; tenida como insubstancial, determinó un violento cambio de comportamiento con acoso sexual de su hermanastra Stella, resolviéndose con su muerte prematura por causas desconocidas.
Evolución de la enfermedad.
Su primer episodio irrumpió a los trece años, en 1895, durando casi seis meses. A pesar de su recuperación, fue incapaz de escribir en su diario por año y medio, como solía hacerlo regularmente desde 1891, y sólo consiguió devorar ávidamente sus libros . A finales de 1896, su médico de familia doctor Seton, volvió a recomendar la suspensión de sus lecciones privadas y lectura. En el segundo ataque de abril de 1897 requirió guardar cama («la vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene!») (13). La tercera fase de 1904 fue particularmente severa con un primer intento de suicidio arrojándose por la ventana; el doctor George Savage, especialista llamado de urgencia, recomendó su internación en una casa de reposo Twickenham, de junio a septiembre, por ausencia de conciencia de enfermedad. Durante su convalecencia en Cornwall, escribió a su enfermera Violet Dickinson:
La cuarta crisis de 1910 está poco documentada, debió permanecer acostada durante el verano, por prescripción del doctor Savage y, seguidamente, reingresó a la clínica de la enfermera Miss Thompson por seis semanas. El período más grave del trastorno se extendió entre 1912 y 1915. Ya en enero admite «es mi malestar de mi enfermedad habitual, en la cabeza. Una semana postrada en cama» [16]. Sir George Savage la reingresa al establecimiento de Miss Thompson por quince días y continúa ambulatoriamente en Asham -«he tenido una extraña quincena y [en la noche] he sido golpeada en la cabeza por corrientes oníricas»-, y lanza bromas de notorio mal gusto acerca del desastre del Titanic (17). Sus aprensiones e inestabilidad emocional no impiden la boda con Leonard Woolf (10 agosto); transcurrida su luna de miel, persiste «no sintiéndome bien» hasta diciembre. El año 1913 consulta a los doctores Savage, Craig y Hyslop bajo el cuidado riguroso de la enfermera Jean Thomas; en julio se empeora, siendo reingresada por corto tiempo en Twickenham. Pero el nuevo desequilibrio durará nueve meses, porque el 9 de septiembre, tras una época de agitación violenta y rechazo a otra hospitalización («pensaba que la gente se reía de ella; se creía la responsable de las desgracias de todas las personas; se sentía abrumada por sentimientos de culpa») [16], ingiere 100 granos de Veronal, dosis potencialmente fatal, siendo salvada por la presencia accidental del doctor Geoffrey Keynes. Al alta retoma su rutina de leer y escribir, aunque entre marzo y agosto de 1914 queda bajo estricta vigilancia de dos enfermeras por sus oscilaciones de ánimo y peligro de suicidio. El colapso de la primavera-verano de 1915 -»un mundo pesadillesco de histeria, desesperación y violencia», según Leonard (18)- obliga a internarla contra su voluntad, rehusando ver a su marido por dos meses a causa de un odio oscuro e incomprensible: «resulta deprimente puesto que parece haber cambiado en un personaje de lo más desagradable», dice la enfermera Jean Thomas [16].
Carta de vida de Virginia Woolf.
En contra de todos los sombríos pronósticos médicos, se restableció totalmente hasta 1936, aunque experimentando significativos altibajos anímicos. En abril guarda cama por indicación del doctor Randel y de junio a octubre nada escribe en su diario. Sólo en diciembre relata: «Me he sentido en conjunto fuerte y animada. ¡Despierto de la muerte -o del no ser- a la vida!» [19]. En 1941 el desánimo abrumador y sombrío la hace «perder todo poder sobre la palabra» [20]; ensimismada en sus voces intuye el retorno de la locura y, temiendo que la hospitalicen, el viernes 28 de marzo, tras escribir dos emotivas cartas de despedida, se precipita en las aguas del río Ouse con una pesada piedra en el bolsillo de su abrigo.
Eventos vitales. La existencia de Virginia Wolf estuvo marcada por acontecimientos de enorme carga emocional que -parcialmente- determinaron la aparición de sus primeros episodios. La muerte inesperada de su madre por gripe, en 1894, arrancó a la persona que se hacía cargo de las necesidades afectivas de los hijos y dejó sumidos al padre y familia en el caos y desconsuelo. Los fallecimientos desoladores de Stella (1896) y Thoby (1906) fueron cruciales para su escéptica concepción de la existencia. La dramática agonía de su padre en 1904 condujo al desquiciamiento moral de los hijos por sus lamentos y súplicas – «¿Por qué tiene que morir él? ¿Y, si tiene que morir, por qué no puede?» [13]. Seis días después se reprocha: «Lo espantoso es que nunca hice algo por él. Estaba a menudo tan solitario, y nunca le ayudé como pude haberlo hecho» [14].
Eventos vitales en Virginia Woolf
Por aquellas fechas sus hermanastros George y Gerald Duckworth comenzaron avances sexuales sostenidos: «Recuerdo el contacto de su mano debajo de mis ropas, avanzando firme y decidida cada vez más abajo. Recuerdo que yo esperaba que se detuviese de una vez, que me iba poniendo más tensa y me retorcía a medida que la mano iba aproximándose a mis partes más íntimas. Pero no se detuvo. Recuerdo que me sentí ofendida, que no me gustó». Quizás ocurrieron desde los seis años, aunque Virginia permaneció imprecisa sobre las circunstancias de los acosos [21]. Después de tres excéntricos flirteos -Walter Headlam, Milton Young, Lytton Strachey-, el casamiento con Leonard fue precedido de tempestuosas ambivalencias: «Cómo odiaba casarme con un judío -cómo odiaba sus voces nasales y su joyería oriental y sus narices y barbas-, que esnob era, puesto que poseen una enorme vitalidad» [22]. Su sexualidad -una frigidez invencible-, más allá del terror, estaba sumida en una incomprensión ante lo erótico; condujo a una pérdida de la intimidad, reforzada por los severos consejos médicos que la urgían a su cese en consideración a su enfermedad. Indudablemente, la inestabilidad que rodeó a la boda desembocó en el derrumbe que se extendió entre 1912 y 1915. Por último, la ambigüedad sexual con amigas -Katherine Mansfield, Vita Sackville-West, Ethel Smyth- indujo el turbado comentario del hijo de Vita:
Clínica. Las crisis, centradas en modificaciones intensas y, por momentos, avasalladoras del humor, comprometieron toda su vida.
Pérdida del apetito, amenorrea, jaquecas que le taladraban el occipucio, insomnio pertinaz («aquellas interminables noches que no se acababan a las doce, sino que siguen en números dobles: trece, catorce hasta que lleguen a los veinte…, no hay nada para evitar que sean así si deciden serlo»). Su diario denuncia: «Te hundes en el pozo y no hay nada que te proteja contra el asalto de la verdad. Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy» [14].
En ciertos episodios surgían ideas deliroides con pérdida absoluta de conciencia de enfermedad, como que toda la gente se reía de ella, tenía la certeza inconmovible que su cuerpo era monstruoso con «una sórdida boca y una sórdida tripa que pedían comida, algo repulsivo que debía evacuarse de manera repulsiva» [10]. Leonard afirmó: «…Virginia permaneció a través de toda su enfermedad, aun cuando estaba más insana, terriblemente cuerda en tres-cuartos de su mente. El hecho es que su locura estaba en sus premisas, en sus creencias. Creía, por ejemplo, que no estaba enferma, que sus síntomas se debían exclusivamente a sus … y su poder de argumentar deductivamente a partir de premisas falsas era terrorífico. Por tanto, era inútil intentar argumentar con ella» [20].
En 1924 escribe: «He tenido algunas visiones curiosas en este cuarto también, mientras yacía en cama, loca, y viendo la luz del sol estremeciéndose como agua dorada, en la muralla. He escuchado aquí las voces de los muertos.» [14]. En carta a Ethel Smyth de 1930 revela: «…he estado viendo caras ya hace diez años, y cinco desde que yo yacía como una estatua de piedra, muda junto a la rosa… Después de haber estado enferma y sufriendo toda forma y variedad de pesadillas y extravagantes intensidades de percepción…, he vuelto a mí, temblando y tan asustada de mi propia insanidad» [22]. En su despedida a Leonard confiesa: «Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar» [19].
Las fases de excitación -especialmente exaltación rabiosa- fueron más cortas pero difíciles de controlar. Habla Leonard sobre 1915: «Hubo momentos o períodos durante su enfermedad, particularmente en la segunda etapa de excitación, en los que era lo que se podría llamar una y sus pensamientos y habla se volvían completamente incoherentes, y perdía todo contacto con la realidad» [18]. Del mismo período afirma Vanessa: «…parece haber cambiado en un personaje de lo más impertinente. Dice los epítetos más maliciosos e hirientes que puede pensar a todo el mundo, y son cosas tan inteligentes que siempre lastiman… Son sencillamente como las bromas desagradables de una colegiala, que no resultan ni divertidas» [25]. Virginia reconoció su irritabilidad ofensiva: «Dije las cosas más imposibles en voz muy alta…, insulté a lady Glenconner y luego ataqué a Rupert Brooke: pero a mi edad y con mis costumbres ¿cómo voy a adaptarme a las maneras del mundo? No paraban de caerme horquillas del pelo en la sopa: las chupaba y me las volvía a colocar» [22].
¿Qué trastorno mental sufrió Virginia Woolf? Estamos en presencia del curso natural de la enfermedad ya que, fuera del apoyo incondicional, régimen y reposo, no hubo terapia eficaz por desconocimiento de la psiquiatría -los analistas amigos estimaron contraindicado el psicoanálisis [12]. Comenzó en la pubertad temprana y la condujo a la muerte al tercer intento planificado de suicidio. La invalidó durante largos períodos y, en los intervalos de normalidad, la embestían episodios breves violentos que la obligaban a suspender, transitoriamente, toda actividad intelectual y social. Sin embargo, no dejó secuelas ya que su creatividad artística brotó con fuerza sorprendente desde su infancia y continuó hasta el último día, de modo que el número de escritos es impresionante, sin contar con que fue la artista más original del excéntrico grupo de vanguardia Bloomsbury [26]. Admitió que estuvo «loca» en ciertos períodos y esta pérdida del juicio de realidad se acompañó de alucinaciones auditivas, visuales, cenestésicas – actuadas, en parte congruentes con el estado anímico. El desencadenamiento psicológico es inequívoco en los primeros episodios pero, con los años, resulta difícil distinguir entre evento estresante y efecto patológico. La carga familiar apunta a depresión unipolar.
El cuadro de Virginia Woolf sugiere fuertemente un trastorno bipolar I27. Pero no es seguro que sus episodios maníacos, aunque perturbaban significativamente a su entorno, llegaran al límite de la excitación extrema -quizás sólo en la segunda mitad de 1915. Además, la presencia de estados mixtos -hipomanías disfóricas y depresiones agitadas de Kraepelin [28]-, junto a psicosis breves con ánimo parcialmente congruente complica el diagnóstico. Finalmente, las fases depresivas severas salpicadas con crisis de variada inestabilidad afectiva predominaron en su vida. Por tanto, parece coherente plantear que Virginia se encuentra dentro de lo que está conociéndose como espectro bipolar II29,30. Empero, la heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas y, como contraparte, la ausencia de criterios operacionales y evidencia dura para el diagnóstico de «espectro bipolar II»31,32, obliga a ser precavido. Además su personalidad y temperamento no son fáciles de determinar, variables que serían decisivas en esta condición [33,34]. De sí dijo: «¡Cuán inútil soy para este mundo! Egoísta, vanidosa, egocéntrica e incompetente» [14]. Las descripciones por familiares y allegados resultan discordantes, aun antagónicas. Tres visiones reflejan la complejidad
Resumiendo, optamos por un trastorno bipolar II -ni bipolar I ni cicloide ni esquizoafectivo [36]-, reconociendo que representa un ejemplo de los dilemas sin resolver que plantea el trastorno bipolar [37].
Creación artística y enfermedad. «Nunca he conocido a nadie que trabaje de forma más intensa, infatigable y concentrada» -dice Leonard-. «Esto era particularmente cierto cuando estaba escribiendo una novela. La novela se convertía en parte de Virginia y su obra la absorbía por completo» [20]. La existencia de Virginia Woolf se volcó al arte, aun sus crisis las vivió y entendió desde su obra: «Como experiencia, la locura es aterradora, no se la debe husmear; y es una lava, en la cual aún encuentro la mayoría de las cosas acerca de las que escribo. Arroja fuera de uno todo elaborado, final, no como simples gotitas como cuando se está cuerda [19]
Producción artística de Virginia Woolf
¿Perturbó al proceso creativo? Conocemos períodos en los que tuvo incapacidad absoluta para crear: «no podía escribir y salieron todos los diablos: diablos negros y peludos» [16]. Tras finalizar cada novela se espantaba: «Ahora vendrá la época de la depresión, después la congestión, la sofocación… El horror es que mañana, después de este día ventoso de prórroga…, deberé empezar por el principio… ¿Por qué, oh, por qué? Nunca más…» [19] ¿Favoreció su creación artística? No hay constancia que produjera un relámpago en su inspiración o una iluminación inusual o abismal, salvo que ella postulaba que «es en gran medida la claridad de la visión que viene en esas temporadas lo que conduce a la depresión…, el máximo abatimiento personal es el más cercano a una auténtica visión» [19]. Ciertamente, para Virginia no es válido que «determinadas características patológicas de personalidad, así como tendencias a la depresión…, están causalmente ligados a algunos tipos de creatividad» [5]. ¿Le reveló en parte la esencia de la locura? Innegablemente ciertos personajes reflejan sus desazones íntimas con perturbadora penetración: el delirio de Septimus Smith que desemboca en el suicidio y se despliega en contrapunto a la vida al borde del sin sentido de Clarissa Dalloway -mientras su médico observa con auto-complacencia ciega y chata el drama inminente; el horror invade a Clarissa: «La vida se hace intolerable; ellos hacen la vida intolerable, hombres como [el doctor]» [37]. Sin la enfermedad ¿habría surgido aquello inédito e irreductible que caracterizó su obra? No podemos afirmarlo ni negarlo; resulta tentador apostar a que la profundidad, gusto por lo intangible y etéreo del ser humano, sensibilidad al sentido ambiguo inherente a la existencia, hubieran sido difícilmente alcanzables sin sus desajustes emocionales. Según sus enigmáticas palabras: «Esto es lo que me espanta de mi melancolía: ves pasar una aleta a lo lejos, un atisbo de la esencia de la realidad [38]. ¿Qué insuficiencias pueden conectarse con la enfermedad? Intuimos que la inquietante extrañeza que provoca la lectura de Virginia Woolf es la descripción de su atormentado e insondable mundo interior [38].
#3 por Camín el 7 febrero, 2012 - 10:40
Referencias
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25. Bell V. Selected letters of Vanessa Bell. London: Bloomsbury, 1993. [ Links ]
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35. Sackville-West V. Letters to Virginia Woolf. London: Hutchinson, 1992. [ Links ]
36. Leonhard K. Aufteilung der endogenen Psychosen in der Forschungsrichtung von Wernicke und Kleist. En: Kisker KP, Meyer J-E, Müller M, Strömgren E, Hrsg. Psychiatrie der Gegenwart. Forschung und Praxis. Band II/1. Klinische Psychiatrie. 2. Auflage. Berlin: Springer, 1972. p. 183-212. [ Links ]
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38. Woolf V. Mrs. Dalloway. London: Penguin Books, 1991. [ Links ]
39. Woolf V. Moments of being: Unpublished autobiographical writings. London: Hogarth, 1985. [ Links ]
40. Figueroa G. Lo ominoso revisitado. Freud y «La vuelta de tuerca» de Henry James. Rev Chil Neuro-Psiquiat 2000; 38: 237-54. [ Links ]
Recibido el 28 de febrero, 2005. Aceptado el 15 de abril, 2005.
Correspondencia a: Gustavo Figueroa C. Casilla 92-V Fono/fax: (32) 508550 (32) 693671 e-mail: gufigueroa@vtr.net
http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0034-98872005001100015&script=sci_arttext
#4 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:19
The Recorded Voice Of Virginia Woolf
This is the only surviving recording of Virginia Woolf’s voice. It is part of a BBC radio broadcast from April 29th, 1937. The talk was called “Craftsmanship” and was part of a series entitled “Words Fail Me”.
The audio is accompanied by a slideshow of photographs of Virginia Woolf.
#5 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:33
Virginia Woolf 1
Virginia Woolf 2
Virginia Woolf 3
Virginia Woolf 4
Virginia Woolf 5
Virginia Woolf 6
Virginia Woolf 7
Virginia Woolf 8
Virginia Woolf 9
Virginia Woolf 10
Virginia Woolf 11
Virginia Woolf 12
Virginia Woolf 13
Virginia Woolf 14
#6 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:36
The Mind and Times of Virginia Woolf (Part 1 of 3)
The Mind and Times of Virginia Woolf (Part 2 of 3)
The Mind and Times of Virginia Woolf (Part 3 of 3)
#7 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:37
Leonard Woolf (1880-1969) – On Economist, John Maynard Keynes
#8 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:44
…) Y vuelvo a mi escritorio, y vuelvo a mis preguntas. ¿No dice Woolf (citando a Coleridge) que “la gran mente es andrógina”, lo que supone que un gran artista masculino puede inventar personajes femeninos -y viceversa- convincentes, reales? ¿Y no reprocha a los escritores “materialistas” que cuando crean a un personaje, se queden sólo en lo exterior: su casa, su indumentaria?… Así pues Woolf creía que la imaginación puede adivinar la realidad que no conoce: que saltando barreras de sexo, de clase, de época, puede conocer desde dentro otras maneras de estar en el mundo… Lástima que también afirme lo contrario. Por ejemplo: “El escritor está sentado en una torre construida sobre la posición y el oro de sus padres. Es una torre de la mayor importancia: decide su ángulo de visión.” O cuando, dirigiéndose a un congreso de obreras, reconoce su incapacidad, en tanto que persona rica y educada, de meterse imaginariamente en la piel de una de ellas. “Sería”, escribe, “una imagen falsa y un juego demasiado juego para que valga la pena jugarlo.” Pues “la imaginación”, asegura (pero, doña Virginia, ¿no habíamos quedado en que “la gran mente es andrógina?”…), “es hija de la carne”.
La cuestión me preocupaba desde que publiqué una antología de relatos, Madres e hijas, cuyas autoras eran todas mujeres. ¿Acaso -se me objetó- un escritor varón no puede imaginar una relación madre-hija?… Claro que puede, pero me daba rabia pensar que con ese argumento, tan aparentemente neutro, lo que se justifica es una realidad histórica que de neutro no tiene nada: algunos seres humanos han hablado en nombre de los demás, sin que éstos pudieran explicarse por sí mismos.
Al final, la respuesta la da la propia Virginia, no en teoría sino con hechos: escribiendo Orlando, y subtitulándolo, provocativamente, Una biografía. Vaya biografía, cuyo biografiado es un poeta del siglo XVI que sigue vivo en 1928, convertido en poetisa… ¿Qué quería decirnos Virginia Woolf con ese divertido disparate? Lo mismo que Sofia Coppola cuando nos muestra, entre los zapatitos rococó de Maria Antonieta, unas zapatillas deportivas (es lo único que me gustó de la película). Quieren darnos a entender que existió realmente María Antonieta, y existieron poetas renacentistas, pero que la imaginación no nos suministra esa realidad, sino otra cosa. En definitiva, me dije a mí misma abriendo por última vez el balcón y presenciando cómo el cámara recogía sus bártulos y los cadáveres se levantaban y se sacudían el polvo, la imaginación tiene todos los derechos… menos uno: suplantar la realidad, sustituirla, escamotearla; hacerse pasar por lo real y pretender que nos lo creamos.
( De “Virginia Woolf, María Antonieta y un crimen en Chueca”, Letras libres, marzo 2007).
#9 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:45
http://www.catedramdelibes.com/autores.php?id=1530
Laura Freixas (Barcelona, 1958) estudió en el Liceo Francés y se licenció en Derecho. Ha sido lectora de español en dos Universidades inglesas, editora, crítica literaria en El País y traductora. Compiló la antología de relatos Madres e hijas (1996) y Cuentos de amigas (2009). Es columnista del periódico La Vanguardia y hace crítica literaria en su suplemento Cultura/s.
Ha sido profesora, conferenciante o escritora invitada en numerosas Universidades españolas y extranjeras (Estocolmo, Budapest, Cornell, Rutgers, CUNY, Virginia…). Preside la asociación Clásicas y modernas para la igualdad de género en la cultura(http://blogdelaasociacionclasicasymodernas.blogspot.com/).
Tras haber residido en Francia e Inglaterra, vive en Madrid desde 1991.
#10 por Camín el 7 febrero, 2012 - 12:49
Al faro, Woolf, Virginia | Edhasa | 1999
Al faro,Woolf, Virginia | Editorial Debate; Asegarce | 1995
Al faro,Woolf, Virginia | Alianza Editorial | 1993
Cartas a mujeres,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1993
Diario íntimo III (1932-1941)
Woolf, Virginia | Grijalbo Mondadori-Mondadori | 1994
Diarios 1925-1930,Woolf, Virginia | Ediciones Siruela
Entre actos,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1981
Flush,Woolf, Virginia | Ediciones Encuentro | 1997
Hogarth House 1915-1921. Diarios (T.1),Woolf, Virginia | Ediciones Libertarias-Prodhufi | 1993
La casa encantada,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1983
La señora Dalloway,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1998
Mrs. Dalloway,Woolf, Virginia | Plaza & Janés Editores | 1998
La señora Dalloway,Woolf, Virginia | Alianza Editorial | 1994
La señora Dalloway,Woolf, Virginia | Ediciones Cátedra | 1993
La señora Dalloway,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1993
Las olas,Woolf, Virginia | Alfaguara-Grupo Santillana
Las olas,Woolf, Virginia | Tusquets Editores | 1995
Las olas,Woolf, Virginia | Ediciones Cátedra | 1994
Las olas,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1993
Las olas,Woolf, Virginia | Alfaguara-Grupo Santillana
Orlando,Woolf, Virginia | Edhasa | 1999
Orlando,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1994
Relatos completos,Woolf, Virginia | Alianza Editorial | 1994
Tres guineas,Woolf, Virginia | Editorial Lumen | 1999
Una habitación propia,Woolf, Virginia | Ediciones de Bolsillo | 1997
http://www.uv.es/~fores/vwtra.html
#11 por Camín el 7 febrero, 2012 - 13:24
Era el 28 de Marzo de 1941 cuando una mujer, llamada Virginia Stephen, Woolf de casada, se internaba en aguas del río Ouse. Sus bolsillos estaban cargados de piedras. Esta vez no tenía que fallar como en una ocasión reciente. La última crisis se hacía larga; cada vez más deteriorada y habitada por los fantasmas del pasado, los últimos días se poblaron de las voces de sus muertos queridos.
El escenario que la rodeaba no era menos alentador. El país en guerra y bajo amenaza de invasión. Los integrantes de la familia y de su entorno social, aislados y careciendo de combustible para movilizarse. Londres prácticamente destruida; su hogar bombardeado y las posesiones, hasta sus libros quemados. Con Leonard, el esposo, habían hecho un pacto suicida: si por la condición de judío de él decidían llevárselos disponían en la casa de un medio para matarse juntos.
Su compañía eran: Leonard, su protector por casi treinta años y las visitas, esporádicas en ese momento, de su hermana Vanesa de quien nos atrevemos a decir era la gran y tal vez única pasión de su vida.
¿Fue esta destrucción última y acabada de Virginia un nuevo intento de “exorcismo”, según sus términos, es decir, de tramitar un duelo o fue la expresión definitiva y terrible de lo encarnizado que le resultó dicho trabajo? ¿De que duelo tan imposible se trataba?
Desde ese trágico final les proponemos remontarnos a los orígenes.
La familia Stephen se fundó sobre la juntura de dos dolores sentidos como irremediables. Leslie, el padre, y Julia, la madre; eran dos viudos inconsolables cuando se unieron.
Según palabras de Leslie, la esperanza le había desaparecido de su vida. Julia, a su vez confesó que “…ella se había desintegrado como un barco en un naufragio…” y para poder sobrevivir se lanzó a una constante y febril actividad.
Conformado así el matrimonio, tuvieron cuatro hijos, que se sumaron a los cuatro anteriores.
Virginia fue la tercera de esa nueva unión. Cada uno de los hijos que llegaba a la pareja, más que desde una falta parecían venir a obturar cualquier agujero posible.
Para Julia contribuían a acrecentar el intenso ritmo centrado fundamentalmente en beneficiar a los desprotegidos de afuera y en atender a Leslie, su marido, quien como un “eterno indefenso” reclamaba atenciones y cuidados hasta de manera tiránica.
En este ambiente y rodeada de una cultura victoriana que entraba en decadencia, transcurrieron los días de Virginia. Días que pasaba fundamentalmente con los dos hermanos inmediatamente mayores: Vanesa, de apenas tres años más, fue su temprano sostén, el más estable espejo: se seguían, se celaban, imitaban y competían con y por Thoby, el varón que se hallaba entre ambas. También otros personajes familiares componían el panorama infantil, sus hermanastros, hijos del matrimonio anterior de Julia, lejos de una salida exogámica, hicieron de las hermanas, principalmente de Virginia, sus objetos eróticos. Todo quedaba adentro, mientras la mirada de los padres se centraba en ellos mismos y posiblemente en sus muertos.
Con estos “títulos en el bolsillo” , Virginia llegó a los trece años, edad en que debió afrontar la temprana muerte de la madre. La respuesta a la pérdida fue una primera crisis y uno de los recursos, la escritura. Comenzó poco después a escribir en forma sistemática su diario íntimo.
En pocos años, ese compacto grupo familiar se desarmó: muere la hermanastra, el padre y su hermano Thoby. Mientras la trama se desgarraba, Vanessa era el referente permanente. No hubo un solo día en la vida de Virginia, que no estuviera apuntalada por el conocimiento de la existencia de Vanesa, Virginia le escribe casi a los sesenta años: “…¿Crees que tenemos el mismo par de ojos y solo lentes diferentes? Yo creo que estoy más unida a ti de lo que correspondería a dos hermanas…”
Fue Vanesa la que se casó primero. No es indiferente comentar que acepta la propuesta matrimonial, a pocos días de la muerte del hermano y que esta proviene de un amigo del círculo íntimo.
Hasta entonces, solo los hermanastros le habían arrimado a ella la desnudez y las caricias corporales. La salida a la exogamia, la sustitución, apenas la habían llevado hasta los amigos de sus hermanos, un grupo de intelectuales, la mayoría de ellos homosexuales.
Sexualidad y muerte se enlazaron en una concretud que justamente era la expresión de una desintrincación amenazante. Pero es también a partir del casamiento que Vanesa pudo contar con un gran apoyo para el cuidado de la “débil hermana”. Leonard pasaría a convertirse además de su editor, en el protector permanente.
Esta posición le dificultó el anudamiento con el deseo, cuyo acento recae del lado del objeto bajo la forma del desplazamiento. A lo largo de la vida, Virginia a través de todas sus elecciones, desde las más duraderas a las efímeras, desde las más próximas al público que se dirigió, buscó denodadamente la figura materna que pudiese habilitarle también la paterna. Figura materna que no tuvo y por la cual quedó excesivamente anhelante, escribiría de adulta: “…¿Acaso recuerdo haber estado sola con ella más de unos pocos minutos?…”
Contando con la base del amor seguro de Leonard, y sintiéndose apasionadamente ligada a Vanesa, Virginia no se cerró a la posibilidad de otros amores. Pasó a enamorarse de Vita Sackville-West o más bien a enamorarse del amor que esta le mostraba. De dignidad aristocrática se trataba de una mujer hermosa, exótica, poetisa, escritora y una conocida lesbiana. Apasionada y persona de acción amenazaba con acaparar a Virginia. Hecha con un molde similar al de Vanesa, Vita le atrajo por su afecto maternal y por el dominio práctico de las cosas. Mujer ardiente, tardó poco tiempo en advertir que Virginia no correspondería plenamente a su pasión física. Fue entonces que se dedicó a otros amores sin retirarle nunca su fiel cariño.
Virginia no perdió la cabeza ni el corazón por esta atractiva dama. Lo que le resultaba excitante y halagador era recibir de ella una ferviente admiración por su obra y que estuviese enamorada de ella mostrándose muy protectora. Así Vita entró en la obra literaria de Virginia. “Orlando” fue una manifestación pública de ese sentimiento que le había inspirado.
Por esta vía volvemos a la escritura. Decimos volvemos porque apenas hicimos una mención al diario que comenzó a escribir después de la muerte de su madre.
Primer intento de escribir lo insoportable de un duelo. Sin duda este es un tema que merecería por sí solo un trabajo, pero solo alcanzaremos a decir algunas pocas cosas.
Además de inscribir cada duelo, buscaba a través de sus libros la confirmación de un reconocimiento, por parte de la familia en primer lugar. El temor a sufrir un fracaso era una mella permanente sobre todo en el vulnerable momento en que terminaba una obra.
Así cuando la más tremenda de las depresiones empezó a aislarla en esos oscuros días de febrero y marzo de 1941, Virginia comenzó a pensar de nuevo en el pasado familiar. El pasado se le hacía un presente continuo, “sintiéndose enterrada” como solía decir, con una indefensión acentuada por la guerra pero que remedaba aquel tiempo que precedió a su nacimiento; ella tenía cada vez más miedo de no ser capaz de escribir, de no poder conjurar el goce que le procuraba el fluir de sus ideas y así privarse del público que le devolvía su imagen y con ello la vida.
Si no escribía, no era nada. Y en esos primeros tiempos de 1941 había terminado “Entre actos”. La última entrada que registró en su diario íntimo fue pocos días antes de su muerte. Allí decía que al pensar en Vanesa se imaginaba como sería si se pudieran fundir las dos. Todos coinciden que a esa altura tenía decidido el suicidio.
Cuando con la magia de las palabras ya no podía crear, cuando sus pocos pero estructurantes lazos se perdían por la guerra, cuando la escritura ya no podía amalgamar narcisismo y pulsión de muerte, Virginia “prefirió” abandonarlo todo y “…hundirse con todas sus banderas desplegadas…” (Sábado 8 de Marzo de 1941, Diario Intimo parte 3, V. Woolf)
#12 por Camín el 7 febrero, 2012 - 13:25
BIBLIOGRAFÍA
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Jane Dunn, Vanesa Bell Virginia Woolf.
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Virginia Woolf, Diario Intimo. Parte 3 (1932-1941)
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#13 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 17:01
http://virginiawoolf.gipuzkoakultura.net/Woolf_bibliografia_obras.php
#14 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 17:11
http://www.capitanswinglibros.com/catalogo.php/la-muerte-de-la-polilla-y-otros-escritos
#15 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 17:18
http://1015saturdaynightblog.wordpress.com/2011/07/29/las-hermanas-woolf-de-susan-sellers/
#16 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 17:21
LA BIBLIOTECA DE LEONARD Y VIRGINIA
#17 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 18:57
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0211-57352004000400005&script=sci_arttext
#18 por olaanankedelasoledad el 26 febrero, 2012 - 19:27
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