Noviembre de 1938, aunque al cumplir su primer año de vida su familia se traslada a Gijón. De hecho si hasta allí habían llegado en un verano fue porque existía una propiedad de abuelos. Sé que su padre se llamaba José, y que era psiquiatra y ¡Rojo! ¡Rojo! ¡Rojo! ¡Ateo! ¡Rojo! -como le grita Moncho el niño-gorrión al Maestro, con esa desgarradora pena, en ‘La lengua de las mariposas’, el cuento de Manuel Rivas, de esa deliciosa obra, ‘¿Qué me quieres, amor?’ y en el que un turbador cuadro con labios del holandés Vermeer, ‘Muchacha con turbante’, nos anunciaba ”Sueño con la primera cereza del verano”, una historia de muerte -, que no pudo o no quiso, que viene a ser lo mismo, resignarse con la situación de la regresiva y gris España tras la guerra civil y en la que agonizó la libertad. Pero firme en sus convicciones, junto con su esposa, inculcó a sus hijos -Margarita, su hermana Marisa y su hermano, del que desconozco el nombre pero no así que los tres son investigadores- sin ningún género de discriminación, el valor del estudio y el esfuerzo. De hecho, solía decirles que la única herencia que les iba a dejar era una buena educación, una carrera y esos, fueron sus primeros e inspiradores alientos. Y luego, nosotros vadeamos una laguna de infancia y adolescencia hasta llegar al curso pre-universitario, donde a pesar de que a ella le gustaban tanto las ciencias como las letras. ¡Qué privilegio!, aunque pienso que las cosas te gustan o no te gustan dependiendo de quién y cómo te impulse hacia ello [prueba yo, un corchete, ni siquiera un botón, en este momento de mi vida... creo que eso es fundamental, la figura del maestro y su enseñanza]*, se decide por las primeras, tal vez porque eran su inclinación natural.
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De como este científico, el Pr. Carlos López-Otín, que no quiso quedarse de brazos cruzados ante la rara enfermedad de la progeria, que es el nacer con el reloj de la vida desbocado y envejecer y morir en el mismo amanecer de la vida…. un día cualquiera de finales del año 2011 nos explicó, en la mágica población de Cudillero, cómo fue que se adentró en el territorio de la lógica molecular y cómo fue que siendo caizo terminó por acercarse al mar… en la voz de alguien que cualquier otro día… leyó esas mismas palabras pronunciadas en un periódico que las difundió para que pudiéramos conocerlas, y ésta y todas las páginas de EL SOPHOS DEL CAMINO… están dedicadas a él, que fue quien las inspiró, ya que como alguna vez él mismo dijo…
<<La sociedad nos paga, nos subvenciona, nuestro trabajo y nos paga a nosotros como profesores para que transmitamos el conocimiento. Entonces, en cualquier sitio que me llaman para intentar transmitir este tipo de formación científica, tan aparentemente abstracta pero tan importante porque se dirige a tratar de entender lo que a todos nos une que es la vida, pues yo si me llaman voy.>>

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